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La historia de Colombia se nos enseñó de una manera solemne, grandilocuente y casi sacra. Nunca, por tanto, se nos habló del papel que jugó la sexualidad en esa historia. Y no teníamos cómo sospecharlo, porque la historia oficial decidió ocultarlo o le pareció insignificante que, por ejemplo, el segundo mandatario que tuvo Bogotá, el no poco sensual y derramado don Fernán Pérez de Quesada, como lo referenciaban los cronistas, introdujo —sin quererlo pero disfrutándolo— el servicio prostibulario a domicilio en la ciudad, una institución que creemos a todas luces actual. Tampoco sospechábamos que a lo largo de los ríos de Colombia pulularon caníbales que preferían comerse a la esposa con cuchillo y tenedor, y que las autoridades de los grandes enclaves de la ‘civilización’ en Colombia siempre estuvieron más del lado de las meretrices que del pueblo.
En estas páginas, por primera vez, la historia se nos cuenta desde los detalles sexuales y desde todo lo que acompaña la sexualidad: el vestir, las costumbres eróticas, los juegos de seducción y hasta las comidas, porque el sexo no se reduce a un ejercicio que empieza y se agota en la cama.
La ironía y el humor de Roberto Palacio logran que no haya acá la voz acartonada de un relato académico, pletórico de citas y lejano a la realidad de la vida de Colombia. Sin demeritar un ápice sus cualidades investigativas —el lector descubrirá el impresionante trabajo de documentación de la obra—, el autor logra narrarnos la historia no desde la sociología, la antropología o la misma historiografía, sino desde una voz muy personal.
Esta primera parte de una trilogía que va desde la época precolombina hasta la Colonia; la segunda parte será sobre el siglo XIX e inicios del XX y la tercera sobre ese mismo siglo y los tiempos que corren.
Roberto Palacio nació en Bogotá en 1967, pero muy pronto se lo llevaron para Kentucky, Estados Unidos, donde vivió doce años y se convirtió en el único colombiano del que se tenga noticia que haya conocido en persona al coronel Sandricks: el señor del logo de KFC.
Es filósofo de la Universidad de los Andes y realizó estudios de posgrado en Filosofía y Etología Humana en esa misma universidad. Aunque fue profesor durante diecisiete años, decidió dejar las aulas para dedicarse a la creación literaria, más espontánea y menos académica. Ahora sus escritos quieren desacralizar el comportamiento humano para dar una imagen del homo sapiens y su historia en su justa realidad, muy distinta a la del semiángel varado en este valle de lágrimas. En lo personal, teme que entre los curas, los médicos y los abogados le saqueen el alma, el cuerpo y la billetera, respectivamente, cosa que sólo le permite a Gabriela, su hija.
Colabora con artículos periodísticos y literarios para El Malpensante y SoHo. En el 2008 publicó su primer libro, Sin pene no hay gloria, un ensayo de contenido sarcástico y humorístico sobre la sexualidad masculina.
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